La indiferencia social siempre ha llegado a niveles escandalosos. Esto es un hecho histórico alrededor del mundo. Nadie en Alemania protestó durante el siglo pasado cuando Hitler buscaba abatir a los judíos para volverlos jabón. Con sus debidas excepciones nadie dijo nada.

La indiferencia social; venta de niños

La indiferencia social siempre ha llegado a niveles escandalosos. Esto es un hecho histórico alrededor del mundo. Nadie en Alemania protestó durante el siglo pasado cuando Hitler buscaba abatir a los judíos para volverlos jabón. Con sus debidas excepciones nadie dijo nada. Bueno, lo hicieron… hasta que se dieron cuenta que la omisión los hacía partícipes de la masacre más sanguinaria del siglo XX.

Aunque también hay que ser honestos y justos en este razonamiento: Nadie alzó la voz de primera instancia porque el miedo y la incertidumbre fueron, probablemente, mucho más grandes. Porque quienes se atrevían a dar la contraria fueron despojados de sus tierras, perseguidos, y algunos, alcanzaron la muerte.

La comparación del Holocausto es un buen apunte para cualquier tragedia emanada de los gobiernos, sobretodo porque refleja el autoritarismo que estableció el ejército Alemán, al que se le sumó una magnífica estrategia de comunicación, propaganda y manipulación psicológica para las masas.

Las mayores catástrofes gubernamentales tienen que ver con el abuso, omisión y la falta de participación social. Estos criterios se siguen repitiendo como una película que no cesa, aunque con sus particularidades. Siendo una correlación importante: la indiferencia social.

A veces me pregunto: ¿Eran realmente otros tiempos en donde se abusaba de la ciudadanía o seguimos cobijados bajo la misma estela al día de hoy? Para el caso de América Latina, y en específico de México, cosas espelusnantes suceden, no son una exageración de la mediática. Son un reflejo, quizá una parte de la historia de lo que pasa…

Con el descubrimiento por parte de periodistas de Sonora como Michelle Rivera de Larsa Comunicaciones, así como Sebastián Moreno del Sol de México, nos percatamos que se vendieron niños recién nacidos con previo conocimiento de funcionarios públicos.

A través de una recopilación de testimonios por parte de los periodistas se encontró que desde 2012 se vendían a los menores por una suma que de entre los 20 mil dólares, e incluso, una mujer que fue testigo y quien esperaba la adopción legal de uno de los menores fue “invitada” a ser partícipe en esta compra.

Lo más grave de todo esto, desde una perspectiva muy personal, es que ocurrió por un periodo aproximado de tres años sin que nadie interpusiera una denuncia legal (ahora se sabe que sí existió pero no la dieron a conocer) y el comentario se hizo público hasta hace unos días. Es decir, ¿dónde estamos nosotros? ¿Por qué no cuidamos, vigilamos y apoyamos a la niñez del prójimo? ¿dónde ha quedado la hermandad y participación ciudadana?

No concibo como una posibilidad si quiera real que un médico, enfermera, vecino, pariente cercano o afines, no se hayan dado cuenta de que algo extraño sucedía en dependencias tan nobles como suelen ser el DIF e HIES. Y si no tienen los mecanismos para proceder ante un nacimiento, adopción, entre otras causales: ¿Qué se necesita para sí tenerlos y qué están esperando para ponerlos en acción?

La postura que comparto en este momento va más allá de la culpabilidad comprobable de funcionarios coludidos con esta terrible acción, aunque esto sin duda, le tocará determinarlo a las autoridades. Sin embargo, es en un momento donde me es imposible no cuestionarme: ¿Dónde hemos estados nosotros todo este tiempo?

Las grandes catástrofes de la historia comparten, en parte, una indiferencia social, un sentimiento de desarraigo por parte de los ciudadanos quienes desconocen el poder legal y fáctico que tienen sobre las instituciones (las cuales son suyas) pero que se sienten profundamente derrotados ante la impunidad.

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